He pasado años, décadas, leyendo, estudiando, analizando, cuestionando, entrenando tal o cual habilidad… Tengo inquietud por aprender cosas nuevas y, sobre todo, un afán por conseguir la perfección que a veces roza lo patológico.
Por eso me llamó la atención el taller de Mar Hernández organizado por la APIE (por eso y porque me parece un referente en el mundo de la ilustración profesional). El taller en cuestión se presentaba con una pregunta: ¿Cómo sería desaprender lo aprendido a voluntad propia?
La experiencia es un valor, pero a veces también un lastre: alimenta expectativas y puede llegar a asfixiar lo más genuino, la espontaneidad y la frescura. ¿Será posible recuperar esa espontaneidad del dibujo infantil, sin titubeos, esa vehemencia para crear desde las entrañas, con honestidad, sin cuestionarnos, sin juzgarnos, casi sin pensar, simplemente haciendo?
Llega un momento en el que está bien parar y mirar hacia dentro, aceptarnos, abrazar el error y hacerlo nuestro. Es cuestión de actitud: una mancha de café en el papel puede ser un motivo para desecharlo o una oportunidad para dejar fluir la creatividad.





Un diez para este taller con Mar Hernández (Malota) https://www.malota.es/About, el mejor cierre de curso posible reencontrándome con compañeras de profesión.
Súper agradecida con la Asociación Profesional de Ilustradores de Euskadi.